La urgencia de reencontrarnos bajo el prisma de la Fraternidad.

Autoría: Nibaldo Cancino Aedo

En una región donde las palabras muchas veces se cruzan más de lo que se escuchan, las redes sociales parecen amplificar el ruido. Vivimos en un tiempo de eco permanente, donde el algoritmo nos muestra solo aquello que confirma nuestras propias ideas, como si la verdad fuese un espejo que siempre nos da la razón. En tiempos de consumo digital, la cohesión social comienza a desvanecerse. Ese sencillo gesto, aunque profundo, se ve amenazado por la inmediatez y el ruido de nuestras interacciones.

Cuando hablamos de cohesión social, nos referimos a la capacidad de una sociedad para mantener unida su diversidad, a partir de la calidad del vínculo social, el sentido de pertenencia y el compromiso por el bien común. Sin embargo, la evidencia muestra que esos lazos interrelacionados se encuentran tensionados. Según la Encuesta de Bienestar Social del Ministerio de Desarrollo Social y Familia publicada en 2023 el 45,3% de las personas declara confiar poco o nada en los demás, un aumento de 6,3 puntos respecto de su símil aplicado en 2021. Un diagnóstico que no solo refleja desconfianza, sino también la ausencia de empatía, esa capacidad esencial de reconocernos en la experiencia del otro. En efecto, ya no miramos para comprender, sino para replicar; ya no escuchamos para construir, sino para defendernos. Participamos de una puesta en escena donde cada gesto busca protagonismo, las diferencias se amplifican en alta definición y la cohesión se vuelve excepción.

Esa desconfianza nacional adquiere en La Araucanía un rostro concreto. En nuestra región, donde aún laten las heridas del desencuentro entre el Estado y el pueblo mapuche, el camino hacia el reencuentro ha oscilado entre la invisibilización, la represión e intentos parciales de diálogo. A pesar de los esfuerzos institucionales, la desconfianza persiste.

El Parlamento avanza lentamente y el reconocimiento cultural aún busca traducirse en prácticas concretas. En este escenario, la fraternidad vuelve a ser un lenguaje necesario; no se trata de coincidir en las fórmulas de ver la vida, sino de reconocernos. De entender que el otro —con su historia, su cosmovisión y su palabra— no amenaza nuestra identidad, la complementa. Solo desde ese reconocimiento mutuo podremos construir un nosotros más amplio, justo y consciente.

Los espacios de encuentro humano cobran así un valor particular. Uno de ellos es la Fraternidad Juvenil A.P.E., que hoy celebra con orgullo su 76° aniversario. Nacida en tiempos en que los vínculos digitales eran inexistentes, ha mantenido, generación tras generación, un propósito profundamente humano: el de integrar a personas que comprendan que construir desde el amor, la solidaridad y la fraternidad no es un ideal abstracto, sino una necesidad urgente ante la creciente carencia de vínculos.

A lo largo de más de siete décadas, A.P.E ha sido un lugar donde la amistad, el respeto mutuo y el aprendizaje compartido se entrelazan. Sus reuniones, actividades y ceremonias transmiten un legado de valores que trasciende el tiempo: compromiso con la comunidad, búsqueda del conocimiento y práctica constante de la empatía. Este ejemplo nos recuerda que la verdadera transformación social no depende de jerarquías, ni de “likes”, sino de la calidad de nuestros vínculos cotidianos.

Hoy, más que nunca, cuando la conexión digital suele reemplazar la cercanía humana, la fraternidad se ofrece como un camino de reconciliación y esperanza. Celebrar estos 76 años es celebrar la convicción de que el vínculo humano puede transformar vidas, sembrando armonía y respeto que se expanden en la sociedad en general. Y quizás ahí radique la enseñanza más profunda: el bienestar no se mide solo en cifras, sino en los gestos cotidianos de respeto, en la disposición de escuchar y en el compromiso de transformar juntos la realidad que habitamos.

Solo cuando volvamos a reconocernos, el diálogo dejará de ser un acto de defensa para volver a ser un acto de creación —y tal vez—, ese sea el primer paso hacia una Araucanía reconciliada consigo misma.

Referencias:

https://observatorio.ministeriodesarrollosocial.gob.cl/storage/docs/bienestar-social/2023/Informe_Tensores_del_Bienestar_Social_2021-2023.pdf

NOTA EDITORIAL: Toda columna de opinión es de autoría independiente y no necesariamente representa el pensamiento de la Fraternidad.